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Los videojuegos son tan populares que los chicos pasan muchas horas diarias frente a la PC. Y sus padres se preocupan por el efecto que puede tener en su comportamiento. Pero contrariamente al mito, son los videojuegos competitivos y no los violentos los que generan agresividad.

Los videojuegos son tan populares entre los chicos que pasan muchas horas por día frente al monitor. Sus padres, al ver semejante exposición a estos pasatiempos, se preocupan por el efecto que pueden tener en su comportamiento. Contrario a lo que muchos creen, son los videojuegos muy competitivos y no los violentos los que generan agresividad en los jovencitos, concluyó una nueva investigación.

 "Nuestro estudio sugiere que el nivel de competitividad es un factor importante en la relación entre los videojuegos y las conductas agresivas, ya que los juegos muy competitivos elevan más el nivel de agresividad", afirmó Paul Adachi, de la Universidad Brock (Canadá).

Sus conclusiones fueron publicadas en la revista científica especializada Psychology of Violence.

COMPETENCIA Y VIOLENCIA
Para probar su teoría, los investigadores realizaron dos experimentos. En uno de ellos trabajaron con 42 estudiantes universitarios que fueron divididos en dos grupos. La mitad pasó su tiempo en violentas batallas con hachas y espadas en pos de su supervivencia. Los restantes compitieron en carreras de autos.

Al concluir los juegos, los investigadores dijeron a los voluntarios que participarían en otro estudio relacionado con la comida, donde cada uno debía preparar una salsa picante para otro participante que no disfrutaba de los platos demasiado condimentados. Y resultó que todos los participantes, independientemente del videojuego del que habían disfrutado, armaron salsas con el mismo nivel de picante. Por ese motivo, Adachi  concluyó en este estudio que la violencia en los videjuegos no eleva por sí sola la agresividad de la gente.

Un segundo experimento se realizó con 60 jóvenes que jugaron cuatro variantes de videojuegos: uno muy violento y altamente competitivo, otro violento y moderadamente competitivo, uno no competitivo ni violento, y finalmente uno muy competitivo y nada violento. Mientras pasaban el tiempo frente al monitor los autores midieron su frecuencia cardíaca. Al terminar los juegos, los participantes tuvieron que preparar la salsa y resultó que los jóvenes que participaron en los juegos más competitivos armaron un producto mucho más picante. Además, mostraron una frecuencia cardíaca más elevada.

Al observar los resultados de ambos experimentos Adachi concluyó que la violencia sóla no alcanza para generar conductas agresivas en la gente que disfruta de los videojuegos. Es, por el contrario, la competitividad la que genera agresión en la gente independientemente del contenido de violencia de los entretenimientos.
 

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