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Investigadores del Instituto Leloir, la UBA y de centros científicos lograron descifrar la estructura de una enzima producida por un microorganismo descubierto en la Antártida. En el futuro, el hallazgo podría ayudar a mejorar la eficiencia en la producción de alimentos, plásticos, medicamentos y otros insumos.

(www.neomundo.com.ar / Agencia CyTA-Instituto Leloir)-. Hace poco menos de una década, científicos argentinos aislaron una bacteria desconocida en las gélidas aguas marinas de las islas Shetland del Sur, en la Antártida, y luego secuenciaron su genoma completo. Ahora, investigadores pertenecientes a varias instituciones públicas y privadas dieron un paso más: descifraron la estructura tridimensional de una de sus proteínas, la enzima BA42, lo cual podría tener un impacto en la eficiencia de varios procesos industriales.
 
La bacteria en cuestión, bautizada Bizionia argentinensis, pertenece a la categoría de microorganismos extremófilos: aquellos que pueden vivir en ambientes extremos. Y BA42 funciona a bajas temperaturas, entre 10 y 0 °C, "por lo que podría emplearse en reacciones enzimáticas requeridas en múltiples procesos industriales y disminuir así el gasto energético", afirmó el autor principal del estudio, el doctor Martín Aran, investigador del CONICET en el Laboratorio de RMN del Instituto Leloir, en Buenos Aires. 
 
La estructura 3D de esa proteína se logró determinar con un potente  equipo de resonancia magnética nuclear (RMN), instalado en 2010 en el Leloir con el apoyo del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y la Fundación Bunge y Born. 
 
CAMBIO DE HÁBITOS
En la actualidad, la mayoría de las proteínas que participan de la producción de alimentos, bioetanol, plásticos, medicamentos o insumos químicos, provienen de bacterias obtenidas de ambientes con temperaturas promedio. La estructura 3D de esta proteína resistente al frío abre las puertas para el desarrollo de enzimas que reduzcan el consumo de energía en estos procesos industriales, indicaron Aran y su colega Clara Smal, del mismo laboratorio. 
"Ahora, nuestro objetivo es comprobar si las características de BA42 pueden adaptarse a variados procesos industriales o biotecnológicos", destacó el doctor Walter Mac Cormack, director de la Coordinación de Ciencias de la Vida del Instituto Antártico Argentino y líder del equipo que participó del hallazgo de la bacteria. 
 
FÁBRICA DE NOVEDADES
Para la doctora en economía Graciela Gutman, vicedirectora del Centro de Estudios Urbanos y Regionales (CEUR) que depende del CONICET, las oportunidades abiertas por la ciencia en el campo de las enzimas son "significativas", en especial, por su potencial para mejorar la eficiencia de procesos industriales.
 
Aunque Gutman también advirtió que la transferencia del laboratorio al mercado enfrenta diversos obstáculos, como "los mayores costos de producción actuales con las nuevas tecnologías en relación a los costos con las tecnologías tradicionales que pretenden sustituir".
 
El proyecto de búsqueda y caracterización de nuevas enzimas activas a baja temperatura de la Antártida  fue iniciado por el doctor Daniel Cicero, del Departamento de Ciencias y Tecnología Química de la Universidad de Roma, en Italia, e investigador correspondiente del CONICET. Y del proyecto también participan científicos de la UBA y de la compañía argentina Biosidus. Por su relevancia, esta investigación fue contratapa de la revista científica "Proteins". 
 

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